sábado, febrero 21, 2009


Animal
Collective


Discografía
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No adelantados a su época. Todo lo contrario. Contemporáneos, representativos en su totalidad de la existencia actual; Animal Collective es y será la banda de esta década, que con sus armonías expresan la decadencia humana, la crisis espiritual y el fanatismo por lo tecnológico, la destrucción del mundo por nuestras manos o el capital que sobrellena los parpados con un viscoso y brillante liquido griseaso. Representativos del nihilismo, de la enajenación de las personas del mundo y el definitivo hogar de la infinita soledad, de la resignación a no atentar por los siglos de dominación del eterno espiral de la muerte, de los ciclos de enfermedades, de la existencia/muerte. Del conocimiento falso, de la superficialidad, de la época del aparentar.





Escuchar los discos de Avey Tare, Panda Bear, Geologist y Deakin, es contemplar a la sociedad y escuchar sus graciosos gemidos de desesperación. Es escuchar la era del sample, de las mezclas insuperables de ideas, de la libertad incontrolada del arte, entre el pop y la pretención (1). Y aun más; Su propuesta se transmite también en sus conciertos en vivo, que es la vuelta hacia lo más mínimo, hacia lo esencial. El canto vocal, el canto tribal, lo meramente espiritual y folclórico o bien la maldad absoluta, la distorsión total, el rompimiento de la palabra “esquema” en gruesos y duros trozos de vidrio, son las distintas maneras explicitas en que se puede definir el sonido de Animal Collective.



Imagen de su concierto en Chile ("Industria Cultural"/Noviembre de 2008)



Y es que algunas personas de veras que no se dan cuenta; Lo único que da vida al mundo, es el arte. Y es que sin ella, no somos más que una fila ordenada de autómatas programados para consumir. Por ello, para todos, la discografía de Animal Collective. Y que se acabe el puto mundo.

(1) Simon Reynolds



Spirit They're Gone, Spirit They've Vanished (2000)

























































EPS






































jueves, febrero 12, 2009

El Cielo La Tierra Y La Lluvia




¿Cuánto es lo que puede llegar a ser capaz de influir en nuestras vidas, el entorno en que vivimos? Sentimientos como la angustia, la pena, la soledad y la nostalgia o bien los recuerdos abrumadores de una vida que ya se ha ido, son emociones contagiosas, emociones en plaga. Como si cuando uno estuviera rodeado de personas con pena, el aire se tornara denso, las paredes de concreto de una casa con ladrillos amarillos y piso rojo se tornaran oscuras y solo unas cuantas amarillentas luces de ampolleta iluminaran todo. Y entonces la pena se contagia; Deambula por cada parte del cuerpo hasta que llega al cuello y hace ese nudo en la garganta. Y la cabeza se torna pesada y entonces afloran los recuerdos, la híper nostalgia, angustia, la cara tirada hacia delante con la mueca del terror, eterna monótona e insoportable.


El entorno contaminado, violentado y usurpado, muta en cada milésima de segundo. Y ese gas abrumador y destructor de sentimientos, brota del espejo colectivo de las emociones creadas por las demás personas en dicho entorno. Y entonces, este cambia de acuerdo a las vidas de los otros, no tiene vida propia, inerte y muerto mira como podemos llegar a pudrirnos, sin decir ni mirar nada. Sin hacer nada.


Un ambiente no urbanizado, virgen, no manoseado con táctiles físicos y sicológicos hasta el cansancio, un ambiente sin humos de asfalto en su cielo sin alquitrán en sus raíces y con lluvias de sangre helada celeste y ahumada, marca la diferencia con el entorno antes descrito. Un ambiente egoísta, que con su claro egocentrismo por su belleza y sabiduría eterna, mira esos cuerpitos bajo su altar, viviendo de la soledad, peleando con la soledad, impotentes de la soledad y muertos de la soledad. Provocada por el y nada mas que por el, dialogando con ellos, dándole falsas esperanzas….



En este último, se desarrolla la historia de “El Cielo, La Tierra y La Lluvia. Cinta dirigida por José Luis Torres Leiva, que forma parte de la sensacional nueva camada de películas chilenas vistas el 2008, en donde cabe destacar “Secretos”, “Tony Manero” o bien “Prohibido Prohibir”, entre otras. Películas en donde resalta mucho el nivel de producción al que esta llegando el cine chileno y el interesante compromiso de originalidad y experimentación al que han llegado los realizadores nacionales. De esa manera, elementos como la fotografía, la música, las actuaciones, el montaje y la escenografía de “El Cielo…” destacan y sobresalen en la cinta, llegando al nivel preciso e ideal para poder desarrollar la historia de la película, llegando a una retroalimentación perfecta entre lo técnico y lo expresivo.


La importancia del entorno se debe a que este es un personaje más en la cinta. Un personaje con emociones y temperamento particular. La historia de la película es la narración al unísono de los personajes “humanos” junto con el entorno, de sus relaciones y de cómo, finalmente, este termina realizando una especie de simbiosis junto con los corazones de su alrededor. Logrando así, una de las tantas formas que el entorno, el paisaje, logra la comunicación perfecta entre seres de una misma especie. De un mismo linaje.



Relaciones, como las que establece Ana (Julieta Figueroa) en sus incesantes caminatas por los frondosos, húmedos y verdosos árboles, que parecieran de miles y miles de millas de altura. Sus piernas caminan con un ritmo eterno, casi inerte, que pareciera monótono, pero que en algunos momentos falla, cambia, y entonces empiezan los tropezones en la resbaladiza tierra. La caminata se transforma en un verdadero dialogo, en donde la armonía de la conversación es corrompida por ciertos desvaríes, ciertos tropiezos. Ana establece una personal y autentica relación con el ambiente, de sentimientos mutuos, en donde toda su vida “observable” por los demás, es totalmente intrascendente.


Ana vive enajenada por el paisaje, su inaptitud en su trabajo de cajera, sus cuidados a su inerte madre en la oscura casa donde conviven o bien su superficial relación de amistad con Verónica (Angélica Riquelme) no son de real importancia para ella. Esta, se trata de una transformación de Ana a lo largo de la película, de cómo su alma cae en unión con el entorno, y de cómo ella forma parte de el, como una “musa”, una frondosidad mas en el paisaje. Las consecuencias se centran en la soledad, que también es vista por el entorno a través de distintas tomas de vació a lo largo de la película.


La soledad y sus diferentes matices, forman parte del eje temático central de la cinta. De esa manera, cada uno de los personajes es un matiz de la soledad, desarrollado de manera directa con el paisaje. Ana acepta su soledad y su relación con el entorno, por su parte, su amiga Verónica transita por el mismo terreno pero con una dificultad muy critica. Se desliza por el paisaje, a veces cómoda, pero otras, llena de impotencia, como en sus panas de auto en distintos nodos espaciales del entorno. Esta incomodidad se transforma en trastorno, para Marta (Mariana Muñoz) una niña enferma de no poder aceptar la soledad, de no aceptar el paisaje, sucumbida en el y imposibilitada de huir del mismo. Sus pequeños escapes a la realidad a través de sus amigas Ana y Verónica, son inspiraciones insípidas, insignificantes, que no siempre son refrescantes y de real ayuda para ella.


Y desde luego, “El Toro” (Pablo Krögh), un hombre que lucha contra la soledad, contra la inmensidad del paisaje, en una pelea casi imposible. Como puedes reñir contra un Dios, contra algo omnipresente, contra una fuerza que a veces pareciera infinita? Los fríos y brillosos celestes vientos que rodean los perdurables arreboles, corren a veces agresivos, deslizándose por los barrancos de tierra ahumada en toscos cafés barros que rebotan en la sabia de los eternos e inmortales árboles. Demasiados árboles, infinitos árboles, en donde la majestuosidad de un todo queda reducida al silencio; El silencio que sopla junto con el paisaje, deambula por tus ojos y crea la eterna soledad del alma humana. En una pelea sin treguas, que pareciera ridícula, que pareciera sin sentido, pero que resume la vida de manera mucho mas “placentera”, en un dialogo austero y en eterna venganza con el paisaje…con nosotros mismos.



“El Cielo la tierra y la lluvia” es un viaje interno hacia algunas de las emociones mas internas del miedo humano. Es una contemplación de la hermosura a la que puede llegar la angustia y la soledad. Y, por supuesto, es una brisa fresca de arte en bruto, de esencia en si misma, de pequeñas esferitas de lapislázuli brillante como el diamante que se desintegran en nuestra alma, y aportan, como en otras veces, la salvación más bella que alguna vez se pueda tener.